Entre Madrid y Barcelona, en una posición estratégica que ha conectado culturas, comerciantes y viajeros durante siglos, se encuentra Zaragoza, capital de Aragón. Sin embargo, quienes atraviesan la región camino de las grandes ciudades españolas suelen pasar por alto uno de los territorios más auténticos y sorprendentes del país.
El viajero curioso, aquel que busca descubrir la España menos evidente, encontrará en Aragón un destino privilegiado donde convergen paisajes espectaculares, una extraordinaria tradición gastronómica, vinos de reconocido prestigio, aceites de oliva de gran calidad y un patrimonio cultural que se extiende desde la época romana hasta nuestros días.
Somontano: donde el vino se encuentra con los Pirineos
La primera gran riqueza de Aragón es su naturaleza. Al norte se levanta la imponente barrera de los Pirineos, frontera natural entre España y Francia. A los pies de estas montañas se extiende una de las comarcas vinícolas más prestigiosas del país: Somontano.
Recorrer sus carreteras entre viñedos recuerda, en cierto modo, a los grandes paisajes vinícolas de California. Modernas bodegas de arquitectura vanguardista aparecen entre pequeñas localidades donde el ritmo de vida sigue marcado por las estaciones y las labores del campo.
En esta denominación de origen se concentran más de treinta bodegas que han convertido el enoturismo en una de las experiencias más atractivas de Aragón. Los centros de visitantes ofrecen catas guiadas donde es posible descubrir la personalidad de variedades autóctonas e internacionales perfectamente adaptadas al clima de la región.
Entre las bodegas más reconocidas destaca Enate, cuya propuesta combina vino, arte contemporáneo y arquitectura. Sus catas permiten acercarse a algunos de los vinos más prestigiosos de Aragón en un entorno elegante y cuidadosamente diseñado.
Otra propuesta especialmente interesante es Bodega Laus, un espacio moderno que ha sabido atraer a nuevas generaciones de viajeros. Sus experiencias incluyen actividades tan originales como visitas inspiradas en los escape rooms, sesiones de yoga entre viñedos y experiencias gastronómicas maridadas con sus vinos.
Alquézar, uno de los pueblos más bellos de España
Tras una jornada dedicada al vino, una visita imprescindible es la villa medieval de Alquézar, considerada uno de los pueblos más bellos de España.
Situada sobre un impresionante cañón excavado por el río Vero, esta localidad conserva un extraordinario conjunto histórico de origen medieval. Sus calles empedradas, sus casas de piedra y su colegiata dominando el paisaje crean una atmósfera difícil de olvidar.
Además de su patrimonio arquitectónico, Alquézar es uno de los grandes destinos de turismo activo del norte de España. Sus famosos recorridos de pasarelas suspendidas permiten recorrer gargantas y cañones en un entorno natural de enorme belleza.
Monasterio de Piedra: naturaleza, historia y chocolate
Otro de los grandes tesoros de Aragón es el Monasterio de Piedra, donde historia y naturaleza se combinan de manera excepcional.
El antiguo monasterio cisterciense alberga espacios históricos de gran interés, entre ellos una estancia considerada por muchos historiadores como el primer lugar de Europa donde se elaboró chocolate caliente tras la llegada del cacao desde América.
A diferencia de la bebida dulce que conocemos hoy, aquel primer chocolate era espeso, intenso y especiado, muy similar al que consumían las civilizaciones precolombinas antes de la llegada de los españoles al continente americano.
Sin embargo, el gran atractivo del lugar es su espectacular parque natural. Cascadas, lagos de aguas cristalinas, cuevas, senderos y una exuberante vegetación crean la sensación de estar en un oasis escondido en pleno interior peninsular.
Muchos visitantes optan por completar la experiencia alojándose en el histórico hotel ubicado en las antiguas dependencias monásticas, un lugar lleno de encanto donde es posible disfrutar de la tranquilidad absoluta.
Zaragoza y la cultura del tapeo
De los paisajes naturales pasamos a la vida urbana de Zaragoza, una ciudad vibrante y acogedora que revela su mejor cara durante la primavera y el otoño.
La gastronomía ocupa un lugar central en la vida cotidiana de los zaragozanos. Las terrazas se llenan al caer la tarde y las conversaciones se acompañan de una cerveza Ambar bien fría o de una copa de vino procedente de alguna de las denominaciones de origen aragonesas.
El epicentro gastronómico de la ciudad es El Tubo, un entramado de callejuelas donde se concentran algunos de los mejores bares de tapas de Aragón.
Entre los establecimientos más conocidos se encuentra Méli Mélo, especializado en tapas elaboradas con ternasco de Aragón, una de las carnes más emblemáticas de la región.
Otra propuesta sorprendente es la hamburguesa de longaniza o chorizo presentada en versión gourmet, una reinterpretación moderna de los sabores tradicionales que puede encontrarse en algunos de los bares más populares de la zona.
La tradición de las croquetas
Uno de los templos gastronómicos de Zaragoza es Doña Casta, famoso por ofrecer una amplia carta de croquetas artesanas.
Las croquetas ocupan un lugar privilegiado dentro de la gastronomía española. Su interior suave y cremoso, elaborado tradicionalmente con bechamel, contrasta con una capa exterior crujiente que las convierte en uno de los bocados más apreciados del país.
Muy cerca se encuentra también Bar El Picadillo, donde las tapas tradicionales muestran el lado más clásico de la cocina aragonesa mediante embutidos, quesos, huevos preparados de distintas formas y conservas vegetales de excelente calidad.
Montal y la excelencia gourmet
La Plaza San Felipe alberga dos direcciones imprescindibles para los amantes de la gastronomía.
La primera es Montal, una histórica tienda gourmet donde se pueden adquirir algunos de los mejores productos de Aragón. Su impresionante bodega subterránea alberga una extraordinaria selección de vinos nacionales e internacionales.
Disfrutar de una tabla de quesos y embutidos acompañada por una copa de vino local en su terraza constituye una de las experiencias gastronómicas más agradables del centro histórico de Zaragoza.
Frente a ella se encuentra Doña Hipólita, una cafetería contemporánea donde conviven clásicos internacionales como brownies, tartas de limón o red velvet con una cuidada carta de cafés y cócteles.
Los dulces tradicionales de Aragón
La pastelería más histórica de Zaragoza es Fantoba, fundada en 1856 y considerada una auténtica institución gastronómica de la ciudad.
Sus escaparates exhiben chocolates, frutas escarchadas, bombones y elaboraciones artesanales inspiradas en las tradiciones festivas aragonesas.
Entre las especialidades más representativas destacan las frutas confitadas recubiertas de chocolate negro, una auténtica seña de identidad de la repostería regional.
Otro dulce imprescindible es la Trenza de Almudévar, un brioche trenzado elaborado con mantequilla, frutos secos y frutas confitadas que se ha convertido en uno de los productos gastronómicos más reconocidos de Aragón.
El oro líquido de Aragón
La última gran experiencia gastronómica de este viaje conduce hasta los olivares que rodean Zaragoza.
En fincas como Finca La Olivera, los visitantes pueden participar en catas de aceite de oliva virgen extra y descubrir los procesos de producción de uno de los productos más apreciados de la gastronomía mediterránea.
Las visitas suelen completarse con almuerzos campestres elaborados con productos de proximidad: aceitunas aliñadas, verduras ecológicas, quesos artesanos, embutidos tradicionales, carnes y excelentes vinos aragoneses.
Experiencias como esta permiten comprender por qué Aragón se está consolidando como uno de los grandes destinos gastronómicos de España. Un territorio donde vino, aceite, tradición, patrimonio y naturaleza se combinan para ofrecer un viaje auténtico, elegante y profundamente memorable.



