De pocas multitudes y exclusiva tranquilidad La Ribagorza es un territorio de montañas, cultura, arquitectura y fiestas, que merece un capítulo aparte entre las comarcas de Aragón. Para sus gentes es un conjunto de caminos ocultos que cuentan historias y para los turistas es un auténtico tesoro por descubrir.
Ubicada al este de la provincia de Huesca, en el límite con Cataluña a menos de tres horas desde Barcelona y menos de cuatro de Madrid, la comarca de La Ribagorza no ostenta grandes alojamientos ni multitudes. Por el contrario, presenta una variedad de atractivos que sólo sus gentes conocen y deciden compartir con turistas deseosos de un equilibrio entre paz y aventura.
Lo más destacado es sin duda la oferta natural, con las imponentes montañas del Pirineo aragonés, que se combina con deportes de aventura, pueblos medievales y sus tradiciones festivas, y, por supuesto, su tradicional gastronomía. Todas las opciones son flexibles y adaptables a vacaciones en familia, amigos, parejas o grupos.

El viaje comienza por la naturaleza al norte, en el Parque Natural Posets-Maladeta, con paisajes abruptos de nieve permanente en valles y glaciares, ideal para el esquí en invierno, y senderismo, cicloturismo, escalada y hasta parapente en primavera y verano.
En La Ribagorza es posible ascender hasta los 3.400 metros altura para visitar algunos de los picos más altos de la zona e, incluso, pasar la noche en los refugios de montaña que permiten el encuentro con montañistas del mundo entero al tiempo que se comparten increíbles vistas, silencios y entornos diversos según la época del año.
Ya en el llano, el encanto atraviesa las callejuelas de los pueblos que lucen arquitectura medieval en estado puro. El pueblo de Montañana, con la iglesia de Santa María de Baldós en lo alto, es uno de los mejores ejemplos de la máquina del tiempo y belleza que ofrece La Ribagorza. También lo son la pintoresca capital comarcal, Graus, y Roda de Isábena, una pequeña localidad que aloja entre sus joyas una catedral medieval casi intacta, parada obligatoria de cualquier itinerario por Aragón.
En cuanto a gastronomía, el turista que recorre España sabe perfectamente que comer bien es la regla y los territorios aragoneses no son la excepción. Platos tradicionales con carnes, embutidos, combinaciones de vegetales y, por supuesto, los vinos llenan las mesas de cada restaurante y casas de La Ribagorza a las que están todos invitados.
Finalmente, la diversión mezclada con tradición y bailes invita a los turistas a formar parte de los días festivos de cada localidad. Sea bailar alrededor de las famosas hogueras de las Fallas en los pueblos de montaña, el desfile de personajes cabezones en Graus o los juegos de máscaras del Carnaval de Campo, siempre hay algarabía y un clima familiar que incorpora a los participantes a una experiencia de disfrute que jamás olvidarán.
Entre la naturaleza, el arte, la fiesta, el deporte y una amplia cultura gastronómica, La Ribagorza es un destino completo que se disfruta al máximo. En estancias de entre tres y siete días, los itinerarios en vehículo particular permiten descubrir al ritmo personal una de las joyas del este aragonés.




