Imaginamos un viaje por carreteras sinuosas que serpentean entre montañas, con cumbres nevadas en el horizonte, ríos de aguas cristalinas bajo sus pies y una naturaleza exuberante en todas direcciones. Así es Aragón, uno de los destinos más sorprendentes y menos conocidos de España, una tierra donde el viajero descubre paisajes espectaculares, pueblos suspendidos en el tiempo y una autenticidad difícil de encontrar en los circuitos turísticos convencionales.
Muchos viajeros que visitan España vuelan directamente a Barcelona, una ciudad que no necesita presentación. Sin embargo, a apenas dos horas por carretera se encuentra un territorio completamente diferente. La energía cosmopolita da paso a la tranquilidad, los edificios modernistas dejan espacio a pequeñas aldeas de montaña y el paisaje evoluciona gradualmente hacia valles verdes y espectaculares macizos montañosos.
Se trata de Aragón, una de las grandes joyas del norte de España. Al norte se elevan los Pirineos, que constituyen la frontera natural con Francia. El territorio se divide en tres provincias: Huesca, Zaragoza y Teruel, cada una con personalidad propia, pero unidas por una extraordinaria tradición.
La gran pregunta es inevitable: ¿qué se hace en Aragón? La respuesta es sencilla: explorar. Aragón es un territorio para recorrer despacio, ya sea en coche, a pie, en bicicleta o combinando varias formas de viaje. La naturaleza es la gran protagonista y en prácticamente cualquier rincón aparecen senderos señalizados, rutas panorámicas y caminos históricos que permiten descubrir bosques, gargantas, montañas y pequeños pueblos dispersos por el territorio.
Los centros de visitantes repartidos por la región ofrecen abundante información para quienes desean profundizar en el conocimiento del entorno. La hospitalidad de los habitantes constituye además uno de los grandes atractivos del viaje. Aunque fuera de las principales ciudades el inglés no siempre está muy extendido, la amabilidad de la población local compensa cualquier barrera idiomática.
Los numerosos ríos, montañas y barrancos convierten Aragón en un auténtico paraíso para quienes disfrutan del turismo activo. Senderismo, escalada, rafting, kayak, barranquismo, ciclismo de montaña y travesías de alta montaña forman parte de la oferta habitual en gran parte del territorio.
Una gastronomía profundamente ligada al territorio
La cocina aragonesa refleja fielmente la identidad de la región. Uno de sus elementos más característicos es el aceite de oliva, presente en prácticamente todos los platos tradicionales. Desde sencillas tostadas hasta sofisticadas propuestas gastronómicas, el aceite de oliva virgen extra ocupa un lugar central en la mesa aragonesa.
El visitante descubrirá rápidamente que las raciones son generosas y que muchos entrantes poseen dimensiones propias de un plato principal. Como ocurre en buena parte de España, los horarios gastronómicos siguen un ritmo diferente al de otros países europeos, con pausas a media tarde y cenas que se prolongan hasta bien entrada la noche.
La carne desempeña un papel fundamental en la cocina local. El ternasco de Aragón, los embutidos artesanos y numerosas recetas tradicionales forman parte de una gastronomía reconocida por la calidad de sus productos.
Una de las preparaciones más habituales consiste en una sencilla tostada acompañada por tomate fresco, ajo y aceite de oliva. Una receta humilde que resume perfectamente la esencia de la cocina mediterránea.
Somontano: viñedos y paisajes de piedra
La comarca de Somontano suele ser la puerta de entrada para quienes llegan desde Barcelona. Conforme el viajero avanza hacia el norte, el paisaje cambia progresivamente y las suaves llanuras dan paso a un territorio cada vez más montañoso.

El clima mediterráneo favorece el crecimiento de viñedos, almendros y olivos, mientras pequeños núcleos rurales aparecen dispersos entre colinas verdes y formaciones rocosas de extraordinaria belleza.
Uno de los espacios naturales más espectaculares es la Sierra de Guara, considerada uno de los mejores destinos de Europa para la práctica del barranquismo y las actividades de naturaleza.
Los ríos han excavado profundos cañones y gargantas que hoy constituyen un paraíso para excursionistas, escaladores y amantes de los deportes al aire libre. Empresas especializadas como Guías de Bierge ofrecen actividades adaptadas a distintos niveles de experiencia.
En esta comarca destacan también localidades como Rodellar, conocida internacionalmente por sus impresionantes paredes de roca y por ser uno de los grandes destinos europeos de escalada deportiva.
Alquézar, una joya medieval sobre las montañas
En el extremo oriental de la comarca se encuentra Alquézar, considerado uno de los pueblos más bellos de España.
Fundado por los musulmanes y desarrollado alrededor de una fortaleza medieval, conserva un extraordinario entramado de calles empedradas, casas históricas y rincones llenos de encanto.
Las estrechas callejuelas conducen a pequeñas plazas, restaurantes tradicionales y miradores desde los que se contemplan algunos de los paisajes más espectaculares de la Sierra de Guara. La localidad combina patrimonio histórico, arquitectura popular y naturaleza de una forma excepcional.
Barbastro, el corazón urbano de Somontano
Barbastro es la principal ciudad de la comarca y el centro neurálgico de la Denominación de Origen Somontano.
Sus calles comerciales, plazas históricas y edificios monumentales ofrecen una interesante mezcla de tradición y dinamismo. Entre sus principales atractivos destacan la Catedral de la Asunción, diversos palacios históricos y el antiguo barrio judío.
Para los aficionados al arte y la historia, una visita imprescindible es el Parque Cultural del Río Vero, donde se conservan algunas de las manifestaciones de arte rupestre más importantes del sur de Europa.
La tradición vitivinícola de Somontano permite además realizar visitas y catas en numerosas bodegas repartidas por toda la comarca. Quienes prefieran otras experiencias gastronómicas pueden descubrir también queserías artesanas y almazaras dedicadas a la producción de aceite de oliva.
Para alojarse en Barbastro, una excelente opción es el Hotel San Ramón del Somontano, situado en pleno centro histórico y dotado de todas las comodidades, incluida una zona de spa.
Monzón y el legado de los templarios
A pocos kilómetros de Barbastro se encuentra Monzón, una ciudad históricamente vinculada a las culturas cristiana, musulmana y judía.
Su gran símbolo es el castillo templario que domina la ciudad desde lo alto de una colina. Esta impresionante fortaleza, cuyos orígenes se remontan al siglo X, fue ampliada posteriormente por distintas culturas y conserva elementos arquitectónicos de diversas épocas históricas.
La visita permite descubrir murallas, torres, dependencias monásticas y extraordinarias panorámicas sobre el valle circundante. Su importancia histórica y patrimonial convierte a Monzón en una parada imprescindible para quienes desean comprender la compleja historia medieval de Aragón.



